En adopción

Estos son algunos de los peluditos que están esperando un hogar.

Pulsa en el enlace correspondiente para ver su ficha.

También puedes escribirnos a adopciones@asociacionhada.org indicándonos el número que aparece encima de la foto.

[Ver todos]

Acoger y ayudar a los más necesitados

22/03/2015

Nuestra experiencia como casa de acogida empezó por casualidad, realmente empezamos siendo una especie de “comedor social de gatos”. Un día de verano apareció una gatita en mi patio que se me quedó mirando fijamente mientras me maullaba insistentemente. Pensé que tendría sed puesto que la comida se la buscaría fácilmente pero el agua en verano es difícil de encontrar. Así que le puse agua, bebió y se fue. Por la tarde apareció de nuevo, el cacharrito de agua seguía en el mismo sitio así que esta vez lo tuvo fácil. Al día siguiente lo primero que hice al levantarme fue rellenar el cacharrito…allí la tendría a lo largo del día varias veces. Esta vez, se quedaba aprovechando la sombra de los rincones de mi patio. Lo más gracioso es que pasados unos días apareció con una coleguita de la colonia cercana a mi casa. Allí estaban las dos comadres bebiendo y comiendo porque a esas alturas ya iba incluido en el menú un cacharrito de pienso.

Poco a poco se fueron acostumbrando a entrar y salir de mi patio como si fuera suyo. Los gatos aparecen y desaparecen, pero siempre tenían allí su menú diario por si acaso decidían volver que tuvieran que comer. Siempre vuelven pero estuvieron un par de días o tres desaparecidas y yo me temía lo peor….un coche, un vecino desalmado y trampa de gatos etc. Pero volvieron,  pero esta vez venían preñaitas las dos. ¡¡¡Madre mía!!!, dos gatas y dos camadas a la vez. Obviamente las gatas decidieron que el mejor sitio para tener a sus gatitos era mi patio. En un rinconcito les apañamos una especie de cuevita para ellas, para que estuvieran tranquilas y pudieran esconder a sus crías. Se me llenó la casa de gatos porque las metimos dentro de casa por miedo a que un gato macho entrara en el patio y los matara, así que ya tenían en el garaje su apartamentito de invierno. Un sofá viejo les vino divinamente con sus cojines y multitud de recodos para esconderse. Después de mucho buscar les encontramos familia a todos los gatitos y volvimos a ser las dos comadres y nosotros. Decidimos que aunque habíamos tenido suerte de poder dar a las crías no podíamos permitir que vinieran con más camadas porque aunque ellas son de la calle ya habían decidido que mi patio iba a ser su casa.

Las castramos, empezamos a darles sus pastillas antiparásitos, sus pipetas y sin saber cómo acabamos teniéndolas en acogida para siempre. Hemos ido adaptando la casa a las gatas…cacharritos con agua en las ventanas, platos de comida y por la noche abro la puerta del patio y allí están esperando para entrar al garaje donde tienen sus mantitas.

Collage Brau

Después de esta experiencia han ido apareciendo más peluditos. Vino lucky un viejito abandonado en la carretera chiquitito  y con el pelo como un borreguito. Le tuvimos en acogida aunque sabíamos que su acogida no era esperando un adoptante sino para que pasara sus últimos días en un lugar confortable. Y así fue, dos meses nos duró, estaba ya muy enfermo y tenía demasiado achaques pero le dimos todo tipo de comodidades y cariño.

Luego apareció un perro de caza una noche en la puerta llorando y con ganas de jugar. Venia con tanta hambre que no le importó comerse la comida de los gatos. Solo quería jugar y jugar. Lo tuvimos dos días hasta que le encontramos un sitio mejor ya que un perro tan grande y tres gatos iba a ser una locura.

Y ahora esperamos la llegada de otro viejito chiquitín atropellado al que hay que cuidar hasta que se recupere de las heridas y pueda viajar a su nuevo hogar.

Yo me pregunto en qué momento decidí ser casa de acogida si a mi nunca me gustaron los animales (entendiendo por no gustar tenerles miedo, no quererlos en casa)  y en mi familia no hay tradición de animales en casa.

Ese día en el que apareció la gatita y me miró con sus ojos verdes fijamente y maullando como pidiéndome cobijo yo sentí que no podía ignorarla, que necesitaba mi ayuda aunque solo fuera un día y no la volviera a ver. Y lucky, sabía que moriría, pero lo íbamos a dejar en la calle o en la perrera si apenas podía comer? Es una alegría y una satisfacción cuando un peludito te agradece a su manera lo que haces por el. Te lame la carita, las manos, te sigue a todas partes como si tuviera miedo de ser de nuevo abandonado. Y la gata ya se acerca a nosotros, se sube encima, ronronea y se queda dormida.

Cuando ves el maltrato animal piensas “si pudiera los metería a todos en mi casa”, bien pues ser casa de acogida en una manera de meter a todos en tu casa aunque sea de uno en uno, pero al final le das cobijo a muchos viejitos, enfermos, cachorritos que necesitan un sitio mejor que una perrera hasta que llegue su nueva familia. Eso sin contar que si no tienes un animal que te haga compañía te lo recomiendo y si tienes niños con más motivo. Un animalito te ayuda a expresar emociones, a socializarte mejor, si estas triste lo detectan y no se separan de ti, te obliga a sacarlos si es un perro y eso hace que andes y hagas ejercicio. Jugar con un perro o un gato es muy divertido y entrañable, se conforman con muy poco, y por supuesto si vives solo es una compañía fiel.

En definitiva animaos a probar esta experiencia tan gratificante y a la vez tan necesaria y acoged o adoptar si podéis, no os vais a arrepentir.
Rosa Álvarez de Cienfuegos
Zircon - This is a contributing Drupal Theme
Design by WeebPal.